- Fuera, fuera...lo que faltaba...que potes en mi coche nuevo....¡¡sal pa fuera, sal pa fuera ahora mismo!!
Yo estiro del brazo derecho de mi amiga y vuelve a sentarse de un culetazo. El calvo vuelve a la carga y tira de Rosita otra vez, somos capaces de descoyuntarla tirando cada uno para nuestro lado. Me cago en toda la parentela del taxista a grito pelao pero el tío es más fuerte que yo y logra sacar a Rosa del vehículo, cuando mi amiga recupera la verticalidad coge carrerilla y le vomita en los tejanos.
- Jódete, bola de billar – le suelto riendo mientras el simpático es ahora el que no le hace la situación ni puñetera gracia.
El silencio de la noche devuelve el eco de nuestras risas. Recordando al taxista chupa-chup blasfemando en hebreo por el vomitado de Rosa nos entra un risa floja de esas que no se pueden parar ni que se te muera el canario.
- ¿Ahora quien me paga este estropicio?- imito al calvorota cuando se despedía de nosotras medio llorando.
- Santa Rita Rita Rita lo que se vomita no se quita..- la que imita ahora es mi amiga.- Mira que eres joía, Purita, ¡qué sangre fría tienes! El tiparraco fuera de sí y tú tienes los ovarios de soltarle lo de Santa Rita. No sé cómo no nos ha cruzado la cara....
- Vamos... le pego un punterón en los güivols que le corto el grifo para los siglos. Bien merecido se lo ha tenido el muy cateto. Por cierto, Rosita...¿queda mucho para tu casa?
- Diez minutillos más o menos... Si no me hubieran venidos esas arcadas pues ahora estaría roncando en mi camita... y tú con tu Fernandito...tan ricamente... Soy una desgraciada, siempre meto la pata...es que no sé...
- Stop. Basta, tía, de nada sirve lamentarse, tía...las cosas viene como vienen y esta noche habremos pisado mierda...
La verdad es que aunque no le digo nada a Rosita ando un poquillo acojonada. Las calles por las que pasamos están poco iluminadas y es una zona algo despoblada, las casas son viejas y abandonadas. No sé, teníamos que haber cogido otro camino, pero hemos ido de cháchara y se nos ha ido el santo al cielo. Para que nos salga algún capullo de cualquier lado y nos pegue un susto de muerte. Coño, Puri, siempre tan agorera...
- ¿Ande van tan deprisita estas princesitas?
Un chavalillo de no más de veinte tacos con el pelo rapado al cero es el autor de la frase que no me hace ni puñetera gracia. Nos corta el paso y detrás aparece un coleguita casi clonado. Parece la noche de los calvos vivientes, entre el taxista y estos dos tipos, los peluqueros deben estar en la ruina. Camisilla a cuadros desabrochada dejando a la vista una camisetilla bastante sucia, chupa de cuero con unos cuantos revolcones, tejanos rahídos y botas militares. Mala pinta, qué quieres que te diga, las apariencias engañan pero me da en la nariz que esta vez va a ser que no. El segundo de a bordo tiene en la mano un peta, la forma de fumar es inconfundible. Va colocadillo y no para de reírse como un gilipollas.
- ¿Se os ha comido la lengua el gato? – pregunta el cabecilla disfrutando con la situación..
- Eso, eso...no tienen lengua...- el segundo ríe baboseando.
- Eh...tú, ¿qué es lo que dices?- me señala con un dedo a la altura del pecho el enclenque que lleva la voz cantante.
Se me corta la circulación de golpe. ¿Adónde acabará esta charlita? Empiezo a buscar salidas, no nos hemos dado cuenta y nos hemos metido en la boca del lobo, Rosita y yo tenemos las luces fundidas. Aquí parece que vive poca gente y por mucho que chille no me van a ayudar ni los gatos. Mientras que pienso en cómo pegarles esquinazo a estos tíos, el del dedito me lo pone más cerca.
- ¿Pasas de mí, tía? Dime...¿pasas?- me apunta amenazante.
- No...- respondo bajito .
- Así me gusta....ya sé que no eres mudita...- el compañero sigue riéndose como un merluzo y me saca de quicio, tiene una risa de psicópata que hace que me empiece a cagar encima-. Mi amigo y yo hemos perdido el autobús....-risa de fondo- y no tenemos ni un duro para volver a casa...y ya es muy tarde, ¿verdad?- se gira al risitas que se desternilla sólo-. ¿Nos podríais dejar algo para comprarnos un bocadillo? Hay que ayudar al hambriento....-risa al canto del secundario.
Miro a Rosita y veo que está blanca como la harina. Intuyo que está haciendo esfuerzo para no volver a potar. No, por favor. Igual que me he partido de risa cuando le ha dejado para el arrastre los tejanos al taxista ahora no me hace ni pizca de gracia. El tema ya está lo suficientemente caliente como para que se le escape la tubería y líe la madeja a lo bestia. Cuando las cosas están mal, sólo puede pasar una cosa....¡¡¡que se pongan peor!!!
Escribe un comentario